Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta,
un charco era un océano,
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego, cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta,
un estanque era océano,
la muerte, solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos,
los ancianos estaban en cincuenta,
un lago era un océano,
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora, veteranos,
ya le dimos alcance a la verdad,
el océano es por fin el océano,
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
(Pasatiempo, de Mario Benedetti)
los viejos tenían como treinta,
un charco era un océano,
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego, cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta,
un estanque era océano,
la muerte, solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos,
los ancianos estaban en cincuenta,
un lago era un océano,
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora, veteranos,
ya le dimos alcance a la verdad,
el océano es por fin el océano,
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
(Pasatiempo, de Mario Benedetti)
Marie Ann (q.e.p.d.) fue amiga entrañable de la infancia y la adolescencia temprana, junto con Zori, Viole, María Clara, La Nena y Adriana. Nos distanciamos en la juventud por diversas circunstancias, todas ajenas a nuestra voluntad. Pero la vida nos permitió re-unirnos esporádicamente cuando, de vuelta yo en la isla, coincidíamos en alguna reunión y cuando me daba chance en su carro o en aquella moto que la condujo al sendero de luz que la llevó hacia su maestro.
Marie Ann, que se fue hace nueve días, a los 46 años, dio en los últimos años una gran muestra de madurez y de paz interior al mirar de frente, casi sin parpadear y sin esquivar la mirada, el tema de la muerte propia. Al irse, quedó un espacio vacío, pero dejó un legado inmaterial formado por un montón de recuerdos que resucitaron, recuerdos llenos de sonrisas, momentos felices y muestras de compinchería.
Tengo una (casi) certeza: esté donde esté, brillará con esa luz que se desbordaba en su sonrisa. Shine, Marie Ann, wherever you are. :)
Marie Ann, que se fue hace nueve días, a los 46 años, dio en los últimos años una gran muestra de madurez y de paz interior al mirar de frente, casi sin parpadear y sin esquivar la mirada, el tema de la muerte propia. Al irse, quedó un espacio vacío, pero dejó un legado inmaterial formado por un montón de recuerdos que resucitaron, recuerdos llenos de sonrisas, momentos felices y muestras de compinchería.
Tengo una (casi) certeza: esté donde esté, brillará con esa luz que se desbordaba en su sonrisa. Shine, Marie Ann, wherever you are. :)
2 comentarios:
Bellisimas palabras Flaca. Bello homenaje a quien nunca olvidaremos.
Dolor en el alma.
C.
Tú lo has dicho, Flaco. Me refiero a lo de dolor en el alma. Un abrazo.
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