En la costa caribe colombiana, la palabra mona tiene varios significados, pero uno de los más comunes es: “se dice del pelo rubio y de las personas que lo tienen”.
Cartagena, 1980 y pico. Una mañana, Pachi estaba en la sala de la casa en que vivía con su mamá y dos de sus hermanos. De repente, la empleada llegó corriendo y gritando, con cara de tragedia. “¡Niña Pachi! ¡Niña Pachi! ¡Corra! ¡Venga a ver lo que pasó!”. A Pachi, que es bastante dramática, se le pegó la cara de tragedia de la empleada. “¡Ay! ¿Qué? ¿Qué pasó?”, preguntó mientras corría tras la muchacha, que la llevaba hacia su cuarto. “¡Una mona cayó en su baño!”, respondió la empleada. A Pachi casi le da un patatús. “¡Ay, Dios mío! ¿Una mona?”, preguntó llevándose una mano al pecho. Tenía la piel erizada. “¿Y cómo cayó allí? ¿Y de dónde se cayó?”, dijo mientras la seguía, con la mano todavía puesta en el pecho. “Parece que la dejaron caer los obreros del edificio de al lado”.
Pachi no quería entrar al baño, pero la muchacha le dijo: “¡Entre pa’que vea cómo quedó el techo y el piso!”. Pachi se asomó con la cara descompuesta por el terror de enfrentarse al cuadro macabro que la imaginación ya le había pintado. Miró el suelo lleno de pedazos de teja y de cielo raso, y vio el lavamanos hecho trizas. Levantó la cabeza y vio el boquete en el techo. “¿Y dónde está la mona?”, le preguntó a la empleada. “Mírela ahí, al lado del inodoro”. “¿Esa es la mona?”, le preguntó con cierto desconcierto, pero también con algo de alivio. Ese día, Pachi aprendió que en la costa mona es, también, sinónimo de mazo, un martillo grande y pesado que usan en construcción.
Cartagena, 1980 y pico. Una mañana, Pachi estaba en la sala de la casa en que vivía con su mamá y dos de sus hermanos. De repente, la empleada llegó corriendo y gritando, con cara de tragedia. “¡Niña Pachi! ¡Niña Pachi! ¡Corra! ¡Venga a ver lo que pasó!”. A Pachi, que es bastante dramática, se le pegó la cara de tragedia de la empleada. “¡Ay! ¿Qué? ¿Qué pasó?”, preguntó mientras corría tras la muchacha, que la llevaba hacia su cuarto. “¡Una mona cayó en su baño!”, respondió la empleada. A Pachi casi le da un patatús. “¡Ay, Dios mío! ¿Una mona?”, preguntó llevándose una mano al pecho. Tenía la piel erizada. “¿Y cómo cayó allí? ¿Y de dónde se cayó?”, dijo mientras la seguía, con la mano todavía puesta en el pecho. “Parece que la dejaron caer los obreros del edificio de al lado”.
Pachi no quería entrar al baño, pero la muchacha le dijo: “¡Entre pa’que vea cómo quedó el techo y el piso!”. Pachi se asomó con la cara descompuesta por el terror de enfrentarse al cuadro macabro que la imaginación ya le había pintado. Miró el suelo lleno de pedazos de teja y de cielo raso, y vio el lavamanos hecho trizas. Levantó la cabeza y vio el boquete en el techo. “¿Y dónde está la mona?”, le preguntó a la empleada. “Mírela ahí, al lado del inodoro”. “¿Esa es la mona?”, le preguntó con cierto desconcierto, pero también con algo de alivio. Ese día, Pachi aprendió que en la costa mona es, también, sinónimo de mazo, un martillo grande y pesado que usan en construcción.
2 comentarios:
Ja! que gracioso, todos imaginandonos tremenda tragedia y resultó ser un pequeño descuido de un ruso despistado!
Interesante, hasta en el mismo país uno no entiende del todo el español que le hablan...
Saludos!
Cierto, pero... ¿pequeño descuido? No sé si sólo pasa en este país, pero obra que se respeta tiene episodios como este. Si Pachi hubiese estado en el baño... :p
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