30 de septiembre de 2008

Otro nombre y su razón

No sé si el común de la gente se ha preguntado alguna vez por qué sus padres les pusieron los nombre que les pusieron. Yo sí, no tanto con el primero como con el segundo. “Linda tú”, le dije un día a mi mamá en son de reclamo. “Como mi papá escogió nuestro primer nombre, tú decidiste cuáles serían los segundos, ¿no?”. Ella me lanzó una mirada china, entrecerrando los ojos y visiblemente ofendida. “¿Yoooo? ¡Vaya! ¡Respete!”, me dijo. Yo quedé desconcertada: si no fue mi papá y tampoco ella… ¿entonces quién? “El cura que los bautizó”, me dijo.

La historia fue así: Mi papá, de familia ortodoxa pero ateo, escogió nuestros primeros nombres, que son árabes en su mayoría y muy comunes entre musulmanes. Para él no era importante aquello de bautizar a un hijo, pero iba a enviar a mis tres hermanos mayores a vivir a Líbano y por alguna razón decidió bautizarnos. Éramos cinco, el mayor de 9 años y la menor, apenas de meses (¡qué padres tan prolíficos!). Fue a la iglesia de la Sagrada Familia, en San Andrés, con mi madre, sus cinco cachorros y mis padrinos, que representaron a los padrinos de los demás, para bautizarnos en bloque (no sé si es que salía más barato por docena).

El cura, un español refunfuñón, se negó a bautizarnos dizque porque nuestros nombres no son católicos. “¿Y entonces?”, preguntó mi papá después de discutir con él. El sacerdote abrió el santoral y fue clavando segundos nombres al azar: al mayor le complementó con José; el segundo recibió el Antonio; al tercero (pobre) lo crucificó con un Demetrio; a mi hermana le echó la bendición con el María y a mi… ¡a mi me puso Salma Teresa!

4 comentarios:

Diego Niño dijo...

Soy de los pocos que le han preguntado cómo se quiere llamar dado que me registraron a los cinco años (hasta esa edad me llamaban-y aún me llaman- Motas).

Poco antes de salir a la notaria mi papá me preguntó cómo me quería llamar: al comienzo cruzaron nombres de superhéroes (Bruno Diaz, Peter Parker, etc.), pero poco después mi afición por el futbol inclinó mi frágil voluntad hacia el nombre del que suponía en aquel tiempo el mejor jugador de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. Seguramente m i papá escuchó mal cuando le dije el nombre porque le dijo al funcionario que mi nombre era Diego Germán. Y así quede: Diego Germán Niño Robles.

Un abrazo desde la fría, y no pocas veces lluviosa, Bogotá

Salma Tabet dijo...

Curioso. No es un caso común. A uno lo bautizan en honor de la tía, la abuela, la Virgen, el santo al que se es devoto, la actriz o el actor favorito, este o aquel cantante, etc. No sé qué nombre hubiera escogido para mi si me hubieran dado la oportunidad de elegir. No estoy decontenta con mi primer nombre, pero el segundo... no me parece una buena combinación. Es algo así como Yelca Liliana Brokovich. ¡En fin! Y, bueno, un abrazo desde esta calurosa isla.

Anónimo dijo...

Flaca: Si que es curioso eso de los nombre con los que nos ha tocado transitar por este mundo. A mi por ejemplo me pusieron el mismo de mi progenitor y el segundo es en honor al que era mi padrino, o sea: Samuel Orlando. También te tengo que comentar que tu nombre siempre me ha parecido bastante bonito por la combinación entre nombre de 2 culturas distintas y porque tu segundo es el mismo de mi mae. Pero lo que si ha sido una revelación es lo mal parado que salió Omar de aquel bautizo colectivo y que a no dudarlo se hizo así porque seguro que salió más barato…

Salma Tabet dijo...

Bueno, va en gustos. Uno de mis profesores de semiótica en la U. quedó fascinado con mi nombre; me dejó boquiabierta pues era la primera vez que alguien se refería a esa combinación, que nunca uso voluntariamente sino cuando me piden que lo escriba tal como aparece en mi documento de identidad. En fin, voy a repetirlo varias veces para ver si termino encontrándole el atractivo.