22 de abril de 2008

El Quijote como castigo

Cuando estaba en El Carmelo, mi hermana ‘se tiró’ el año. Eso fue cuando con tres materias perdidas te quedabas repitiendo curso, porque ahora, aunque ‘te tires’ 7 materias o asignaturas, puedes pasar al siguiente grado pues por ley no se puede ‘rajar’ más del 5% de los alumnos de un colegio. En fin, que mi hermana perdió el año, decía ella que por Religión, que le quedó en 2,9 y la monja no le quiso subir a 3 ‘raspao’. Con eso ella habría podido habilitar las otras dos y pasar a 9°. Pero la monja dijo “¡Que nooooo!”. Mi hermana se puso histérica y le dijo hasta de lo que se iba a morir allí mismo, en plena puerta del colegio y delante de Raymundo y todo el mundo.

¿Qué pasó? Pues que el asunto se complicó: después de semejante show ya no sólo tenía que repetir el año sino que además debía repetirlo en otro colegio. Ella no quiso decirle a mi madre, así que se matriculó por su cuenta en el John F. Kennedy, que quedaba a media cuadra de nuestra casa en Cartagena y al que le decían ‘El John Flojera’, dizque porque ahí aterrizaban todas las ‘pelaítas’ que ‘se tiraban’ el año en otros colegios. Una amiga que ya se había graduado le regaló su uniforme. Y a mí me nombró su acudiente. Mi mamá se enteró del asunto el primer día de clases, cuando la vio con el uniforme del John F. en vez de con el de El Carmelo. Pero ya era tarde, por más piedra que le dio no podía hacer nada. Pero a mí no ‘me bajó’ de alcahueta.


No sé qué tanto honor le hacía ese colegio a la F de flojera, pero en asuntos de disciplina… ‘¡que me lo envuelvan!’ Doña Judith, que se supone que era muy culta, se ideó un castigo para corregir las faltas de las alumnas, con el que lo único que logró -digo yo- fue ‘tirárseles’ el amor por la lectura. El castigo consistía en dejarlas en el colegio al final de la jornada hasta que terminaran de transcribir en un cuaderno un capítulo completo de El ingenioso hidalgo de Don Quijote de la Mancha.


Cuando le tocó la primera vez, mi hermana llegó furiosa a la casa hablando pestes del ‘John Flojera’. Pero después sonrió con aire triunfalista: “Sólo copié la primera y la última página y la vieja ni se dio cuenta”. Las demás hojas las llenó escribiendo cualquier cosa.


Poco tiempo después mi hermana reincidió. Porque no llegó a almorzar, me olió a que estaba transcribiendo otro capítulo del Quijote. Y así fue. Como tuvo varias reincidencias, concluyo que el ingenioso castigo de Doña Judith falló como método para corregir la indisciplina. Pero eso sí, para quitarle las ganas de leer a las alumnas… creo que en eso habrá sido efectivísimo. En aquella época veía a mi hermana leyendo revistas, escritos médicos, la Biblia, pero no recuerdo haberla visto leyendo un libro.
Supongo que a estas alturas ya lo ha superado.

En contraste, hace unos años, cuando mis hijos estudiaban en La Escuela de Noel, en San Andrés, tenían la hora de lectura en la pequeña biblioteca del colegio. La maestra Esperanza les pidió que llevaran de sus casas un cojín y durante esa hora de lectura ellos se acomodaban en el sitio que les daba la gana y recostados en sus cojines leían concentrados y con gusto el libro que habían escogido.

23 de abril. Día del Idioma. Día de tildes, comas y puntos. Hoy se leerán poemas de amores y desamores. Algunos escritores firmarán libros a los compradores interesados en coleccionar autógrafos. Miles visitarán la Feria del Libro y se venderán ejemplares de ciencia-ficción, ensayos, novelas, poesía, literatura fantástica, autobiografías, biografías autorizadas, fotografía, arquitectura, autosuperación, etc. Millones de muchachos participarán en eventos escolares organizados a propósito de esta efeméride. Cervantes y Don Quijote estarán de nuevo en primera fila. Si todavía vive y su colegio existe, espero que Doña Judith haya dejado esa maña de poner a sus alumnas a transcribir capítulos completos del Quijote como castigo. Y genial sería que en otros colegios sigan el ejemplo de La Escuela de Noel para estimular el hábito de la lectura y despertar en los niños y jóvenes la Alegría de Leer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay, niña...Supongo que a estas alturas ya habras recibido un tirón de orejas de la "otra" flaca por haber sacado a la "luz" esa epoca tan...digamos...indigna de los estudios de tu hermanita. Y si, tus escritos me han hecho recordar al John Flojera que pa más inri quedaba a la vuelta de mi casa...recuerdo que los viernes todas las chicas llegaban uniformadas pero misteriosamente salien de "civil" y supongo que era porque no se devolvian presisamente pa sus casa...Sampy

Salma Tabet dijo...

Ya lo leyó y estuvo a punto de morirse de la risa acordándose de aquellos episodios. No hay duda de que el 'John Flojera' hizo historia. ¿Será el colegio de Cartagena más recordado por exalumnas? Yo creo...